Palma extraña

Esquematizando grupos sociales

cercamon | 21 Febrer, 2010 10:23

Uno de mis defectos es la tendencia que tengo a simplificar y esquematizar mentalmente a personas, definir sus patrones, imaginar su vida y creer que es de tal o cual forma; elaborar por tanto un prejuicio y cometer el error de prever el comportamiento y el carácter de esa persona.

Este viernes lluvioso me deslizaba en bici por Sant Jaume, calle estrecha y apretujada, rodeada de altas fachadas y tejados cuyos voladizos casi se tocan compartiendo el agua de lluvia que se desliza por sus canaletas y sus tejas. Al llegar a la plaza de Santa Magdalena aminoré la marcha, acababa de encontrar un grupo social. Un conjunto de personas fácilmente identificable con los mismos valores, misma estética y búsqueda de fines en la vida. Aminoré para ver esa pequeña comunidad que esperaba a que sus hijos salieran de la escuela; coches todo terreno subidos en las aceras, mujeres de treinta y pico hablando con carritos de niños, bufandas a cuadros, mismos peinados. Un padre debidamente trajeado encendía un cigarrillo en su coche, con bastante estilo hay que decir, la puerta entreabierta, los zapatos de cuero marrón reluciendo sobre el asfalto mojado. A medida que avanzaba veía más vehículos mal aparcados con sus propietarios dentro o fuera, charlando del próximo acto de la agenda social del fin de semana marcada por los cumpleaños del niño menganito o fulanito, coches de la misma gama cargados de sillitas para niño. Me acordé de que a unos metros había un club del opus: simplifiqué.

Este efecto me volvió a ocurrir un día después. Faemino y Cansado actuaron ayer en el Teatre principal. Tenía asiento de palco lo que tiene un inconveniente, hay que llegar bastante antes, en caso contrario no te queda más remedio que sentarte en la parte de atrás, donde la visibilidad es nula. Si te sientas en primera fila en cambio la visibilidad es total, tanto del escenario como del resto de palcos y la platea. Mientras esperaba a que comenzara la función no pude evitar hacer de antropólogo, me sentí de nuevo ante otro conjunto de personas, con los mismos valores, estética, fines vitales, gustos. El canon estético era evidente: gente entre 30 y 50 años, estilo entre grunge y pijo, un sí pero no, abrigos de Custo, estética cuidadosamente desaliñada, patillas largas hasta el mentón, jerséis a rayas, peinados hacia delante.

Reí muchísimo en el espectáculo, tanto que después tuve retortijones y tuve que correr al baño.

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