Palma extraña

Rutas de Almar- Son Gotleu 1

cercamon | 24 Maig, 2020 15:16

Silencio en una plaza de Alam rodeada de coches aparcados. Una acera sucia, manchada de aceite, salpicada de colillas.

Sale una mujer de un portal que parece la entrada a una cueva. Si entras verás los zaguanes siempre iguales, terrazo sucio y gastado, buzones arrancados y nombres antiguos todavía insertados en algunos de ellos. Nombres que se personas que se marcharon, apellidos antiguos, la mayoría se marcharon un día para vivir en otro lugar o simplemente murieron.

Las puertas están numeradas de forma precaria e inconsciente. De la puerta uno salta a la cuatro. Una puerta negra junto a una blanca; luz junto a oscuridad. Al subir las escaleras verás una ventana que da al patio interior, es triste, apenas entra la luz. Un perro mil leches te mira desde un diminuto patio de la planta baja, parece que te saca los dientes, pero en realidad le falta un trozo de labio.

Al llegar al rellano das a la luz de la escalera pero no se enciente. El suelo está lleno de mugre, papelillos y colillas, una mugre que se ha hecho permanente, y que alguien debe de limpiar cuando. Una mujer abre la puerta de uno de los pisos, huele a limpio, amoniaco, su olor baja las escaleras hasta perderse por la ventana del montpeller, donde te miró el perro. Se oyen voces atravesando las paredes, ruido de televisión. El volumen no está alto, pero el sonido se propaga por las paredes y los tabiques como si fueran papel.

Tus ojos vuelven a lo pequeño, al detalle: a una planta que crece en el último rellano, a sus hojas verdes , llenas de vida. Las hojas parecen echarse hacia la pared, como si quisieran crecer trepando en ella, subir por el techo y entrar en las casas, salir por las ventanas, trepar hacia el sol y escapar por la azotea.

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