Palma extraña

Carrer del vi

cercamon | 10 Octubre, 2009 17:31

El Carrer del Vi es estrecho y mal asfaltado, con rincones mugrientos repletos de humedad y moho. La calle es recorrida por una brisa húmeda y penetrante. Cuando te adentras en esta calle por primera vez resulta inhóspita, a medida que la frecuentas le empiezas a coger cariño porque es diferente del resto. Es además, una de esas calles magnéticas, donde encuentras personas con las que hace poco pensaste, o te cruzas con personajes de la ciudad, gente que ves hace tiempo y que siempre te ha intrigado conocer.

Arquitectónicamente es una calle de contrastes que combina viviendas de diseño con viviendas humildes de portales estrechos y techos bajos. Estas últimas parecen más una prolongación de la calle, prácticamente te sientes dentro de la casa, paseas distraído la vista entre la ropa interior colgada en la ventana, ese sujetador granate tan llamativo!, ese olor que viene de la cocina de coles y carne hervida, hasta que de pronto te interrumpe alguno que otro grito desde dentro de la casa y aceleras el paso temeroso de que te echen también de la calle, que también es la casa.

Me da la impresión de que es un lugar lleno de historias y vivencias de otras personas. Prueba de ello es el antiguo Hostal Pons, lugar enigmático y escondido, con comentarios realizados en Internet por antiguos clientes de lo más divertidos del tipo:

“If you had a Mallorquin grandmother, her house might look like this, “it is not that bad and I didn't encounter any bed bugs “

Es una pensión en la que verás entrar a viajeros solitarios, gente de paso y mochileros extranjeros.

En la calle también se encuentra la fachada del colegio San Alfonso de los teatinos, colegio sin letrero que indique su nombre, y que muchos vecinos de Palma no conocen a pesar de estar situado en un lugar tan céntrico. De hecho, el único cartel que hay es el que indica que ese casal fue habitado por el corsario mallorquín Antoni Barceló en el siglo XVIII. Sin embargo, cuando hay elecciones el lugar desvela sus misterios al abrirse como colegio electoral. Dentro del casal en el que antiguamente el corsario Toni debía pasear con casaca y peluca blanca viven algunos curas y niños internos, cuando pasas junto alguna de sus persianas por la noche oirás la televisión encendida, o a varias personas que hablan; en ese momento intento imaginarme sus vidas, transmutarme en ellos, hacer el esfuerzo mental de imaginar lo que están viendo, tocando, sintiendo.. Frente al colegio encontramos el único comercio de la calle, se llama “El sibarita”, establecimiento que con valentía se ha instalado en esta calle pero que no es un comercio al uso pues casi nunca está abierto.

Tras la fachada izquierda de esta calle según vamos en dirección al mar se encuentra una las manzanas más interesantes de Palma, la que bordea el Carrer del Vi, Apuntadores, Na Gloria, Montenegro y Sant Feliu, una manzana heptagonal, enorme, la más gruesa de esa zona del casco antiguo, de jardines perfumados y boscosos donde crecen palmeras. Manzana de contrastes, de calles sin salida que se adentran en el bloque como cicatrices urbanas como Carrer Cal Marques, callejuela de olor intenso a amoniaco y manchas en los bajos de las paredes.

Carrer Can CaceresAquí se supone que vivió el poeta Añbert Vigoleis

En el terrado

cercamon | 07 Setembre, 2009 20:01

Subo al terrado del bloque donde vivo, me gusta hacerlo a última hora en días de septiembre como hoy. No tengo ni calor ni frío, siento el aire que trae un aroma marino, noto el cambio de estación. Dejo ir la mente. Cotilleo casas de ventanas abiertas. Pero sobretodo me gusta que tengo otra perspectiva del lugar que habito; un momento de pausa; una reflexión desde otro ángulo. Descubro una terraza indolente en una casa cuya fachada me parecía bonita (cuantas veces ocurre eso). Encuentro detalles que me habían pasado desapercibidos en otras ocasiones: estatuas que la gente pone el los áticos como si fuera un templo romano, inimaginables piscinas, una pareja tomando un cocktail en la terraza de una casa que parecía deshabitada.

Donde estoy lo más destacable es la fachada frontal de la catedral, desde esta posición quedas casi a la misma altura; los contrafuertes se alinean en una sola fila uno detrás de otro, el rosetón parece un flor y se distingue claramente la figura de la virgen con las manos extendidas y palmas hacia arriba coronando el monumento, custodiada más abajo por gárgolas monstruosas que miran hacia abajo, hacia las calles, hacia nosotros pobres mortales de frágil corazón. Es difícil de adivinar, ella mira desde hace siglos hacia el crepúsculo en las montañas, la mirada perdida en algún lugar entre Na Burguesa y el castillo de Bellver. O tal vez, también mira terrazas...

40º en Jaume III

cercamon | 22 Agost, 2009 08:30

A parte de una conocida calle comercial, Jaime III es uno de los pocos lugares de encuentro la ciudad. La gente se acerca a estar, a pasear. Ejercemos movimientos y maniobras que no tienen que ver con el fin último de comprar algo, sino el de estar allí y cruzarse con otras personas. Los domingos pocos son los que pasean por la ciudad y los residentes escapan a segundas residencias o a excursiones por la montaña. La calle está poblada por ciudadanos locales en familia de costumbres tradicionales, inmigrantes que vagabundean perplejos por lo que le pasa a esta ciudad los domingos y turistas más perplejos todavía por esta ausencia de vida local.

Hace pocos días pasé en coche. El termómetro marcaba casi 40º. Me detuve en el que sin duda es el único paso de cebra respetado de Palma. Tras ese paso de cebra y conduciendo en dirección a la plaza de las tortugas me deslizo cuesta abajo, esquivando taxis que sobresalen sus morros retando a que te detengas. Situadas en la acera derecha me distraigo viendo reinas orgullosas esperando a un taxi, flamantes con sus bolsas llenas de compras, sus melenas al aire, sugerentes prendas, tacones, labios rojos cerrados. Me fijo en un anciano que baja por dentro de los porches a casi la misma velocidad que yo a bordo de su silla de ruedas eléctrica, sonríe picarón en este día caluroso día, el viento del sur se escurre como una brisa infernal entre las calles de la ciudad. Baja con su gorra de béisbol, sus auriculares blancos, entre piernas largas y bronceadas, rasuradas y brillantes al sol de la tarde. Acelera su vehículo, azotan su rostro mil fragancias de reinas vikingas, valkirias de la antigüedad de piernas eternas acabadas en un ajustado short de tela vaquera. Comprendo esa sonrisa pícara, esos ojos seguramente ávidos tras las gafas ahumadas como un aviador que surca un cielo repleto de estrellas. general

La ciudad transparente

cercamon | 12 Juliol, 2009 21:03

Camino en bañador y sandalias por la ciudad un domingo de verano. En la Calle Caro entra un aire fresco que se cuela por los huecos de mi camiseta de algodón. El azul del cielo es cada vez más oscuro y al llegar a una plazoleta por la que pasa la calle Barrera me siento en un banco calentado por el sol del día. Apenas hay gente en la calle; pasea una señora su perro mil leches. Sus patas están más separadas que su cuerpo lo que da a sus andares un aire semimonstruoso. Oigo el sonido de los contenedores cerrándose cada vez que alguien lanza su basura. En una casa próxima se anima la discusión de una pareja en chino, en otra suena el teléfono y nadie lo coge, unos cubiertos acaban un plato de comida, risas de niños retumban en la calle ocultas por el tubo de escape de un ciclomotor trucado; se produce un breve silencio aprovechado por una vecina para sacudir su escoba en la terraza, el polvo se recorta en las luces de las farolas. Sobre-estimulado exploto mi faceta de mirón. Observo entre las ventanas abiertas de las casas lo que mi ángulo permite: un hombre gordo y descamisado apoya sus pies sobre una mesa mientras escucha el telediario a todo trapo, sólo veo sus pies y su barriga, y en otra ventana un adolescente teclea frenético el ordenador. Me parece que la ciudad es transparente y las luces de neón del banco de la esquina, las voces y los sonidos que oigo, todo es extrañamente agradable y todo me va bien.

No se trabaja los sábados

cercamon | 02 Juliol, 2009 20:22

Tengo la mala costumbre de trabajar algunos sábados, suelen ser mañanas tranquilas en las que no suena el teléfono. De camino a la oficina oigo los pájaros en las ramas, no se oyen coches y los gatos se amagan tras los arbustos probando la comida que dejó algún amante de los animales. Al entrar en el edificio me extraño al ver mi reflejo en el espejo con pantalón corto en un lugar del traje y la camisa. Saludo al guarda de seguridad al que interrumpo su programa de dibujos animados. Canto mi dni , somos un número y voy a por un refresco, la máquina expendedora no acepta las monedas, hasta que la tiro con efecto y escupe la naranjada de mala gana. Cuando voy al ascensor intercambio unas palabras sobre dibujos animados con el hombre de seguridad, abro la lata de refresco sobre el mostrador de mármol de la recepción, cuando oigo que ha sido mala idea, el líquido se desparrama por el mármol, trepa por mi brazo, gasea como un gato enfadado. Avergonzado subo a mi despacho tras colocar en el mostrador folios en sucio para arreglar la metedura de pata. Siento en mi cabeza las cañas de ayer y pienso que no tengo ganas de trabajar y que no tendría que estar aquí. Al ir a abrir la oficina me doy cuenta de que me dejé las llaves en casa. En sábado no se trabaja, no es posible que haya más señales para decirlo.
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