Palma extraña

La biblioteca de otro

cercamon | 08 Gener, 2010 21:32

Una de las cosas que me producen más curiosidad al visitar la casa de alguien es fijarme en los libros de las estanterías. Involuntariamente tiendo a curiosear sus títulos y de pronto me parece estar en una tienda. Me alegra, además, llegar a esta situación tras una sequía de lectura. En ocasiones no encuentro un libro para leer, o a todos los libros les encuentro pegas, me vence la pereza y la desilusión. En ocasiones me he encontrado en la bilioteca municipal de Can Sales, paseando por sus estanterías a disgusto, esperando un encuentro casi amoroso que no llega, un flechazo que se retrasa, al igual que en el amor, después entro en la fase de probar libros al azar, camino en círculo por las estanterías y de repente extiendo el brazo al azar y saco esperanzado un libro de su fila; echo un vistazo al título, me desilusiono y lo vuelvo a colocar en su sitio. Cuando se busca el momento mágico no se suele encontrar, hasta que de repente , en la biblioteca de otro ocurre. El estado de áinmo es otro para empezar, no vamos a casa de esa persona con el propósito de fisgar en su biblioteca, por consiguiente estamos secretamente predispuestos a un encuentro. Además de esta vertiente, está el gusto de cotillear la bilbioteca entera como si en realidad lo que hace es conocer más a tu anfitrión, miro las temáticas, el cuidado de los libros, si su color está envejecido. Reconozco que me inquieta y me gusta encontrar dos libros que desentonan juntos, como una obra de San Agustín junto a un ejemplar del Marqués de Sade, contrastes de lo más interesantes que aumenta la curiosidad por conocer a nuestro anfitrión.

Visité hace poco la casa de un amigo durante unos días, en el comedor habían varias filas con volúmenes ordenados por temática y colección. Me fijé que los libros religiosos abundaban; me sorprendió la importante cantidad de libros de la colección Austral, pasear la mirada por los lomos de distintos colores pintados en cuadritos me hizo recordar mi infancia. En el extremo se veían títulos relacionados con el lugar en el que estábamos; el valle de Tena y sus costumbres, la vida en los antiguos pueblos del pirineo, la lluvia amarilla de Llamazares, ese fantasma atrapado en un pueblo abandonado del Serrablo, donde todos se han ido y sólo queda un fantasma solitario que recuerda. Me senté y empecé a leer La hoja roja de Miguel Delibes, y tuve la placentera sensación de estar en la biblioteca, cómodamente sentado, sintiéndome confortable al tener la certeza de que mi amigo había visitado con anterioridad estas páginas y estar reviviendo a la vez, simétricamente, un momento en su vida.

Solsticio de invierno

cercamon | 08 Desembre, 2009 09:58

El solsticio de invierno se acerca, la longitud del día y la altura del Sol al mediodía serán mínimas comparadas con cualquier otro día del año, y la inclinación del sol llegará hasta los 23º 27’.

Ese día desearía amanecer en Newgrange, Irlanda. En ese lugar hay un túmulo funerario, un monumento del neolítico empleado como lugar de enterramiento. Para acceder hasta la cámara mortuoria hay que atravesar un pasadizo construido entre la roca, hasta llegar a una pequeña sala de techos altos. La sala siempre está a oscuras, salvo el amanecer del 21 de diciembre y algunos días alrededor de éste. En ese momento la luz penetra directamente desde el horizonte hasta iluminar la sala. Cada año se realiza un sorteo en el que los elegidos pueden visitar la sala mortuoria de Newgrange al amanecer de ese día.

Hoy miraba al cielo pensando en asuntos como éste mientras preparaba una barbacoa de lo más dominguera. Asaba botifarrons y panceta, embutidos y hamburguesas de ternera; una mezcla indecorosa de carne del mercadona y del mercado de Santa Catalina sobre carbón de leña de pino. He comido mirando al sol, viendo como éste se precipitaba como un kamikaze al mar cada vez a más velocidad. La carne se ha enfriado y la he recalentado en las últimas brasas. Ha sido una mala idea; la carne del mercado ha pasado la prueba con soltura pero la del super por el contrario sabía a muerto de solemnidad. En la mitología griega Tánatos era la personificación de una muerte suave y dulce; la muerte violenta en cambio era practicada por sus hermanas las Keres, el recalentamiento de la carne evidencia qué hermanos hicieron qué.

Miraba el sol, sorbiendo un vino que he encontrado escondido en el fondo de la despensa; un vino antiguo, de corcho casi deshecho y que hemos tenido que colar cada vez que servíamos, de color ocre y terroso; oía las olas rugiendo; y por un momento, el sol no me parecía el astro que conocía, más bien parecía estar en Tatooine rodeado de extrañas lunas de nombre desconocido, más vino por favor… y poco a poco sentía como me doblaba 10, 20, 21 grados como la tierra respecto al sol, el saludo al sol en yoga pero en versión vulgarmente occidental , copiosa y excesiva, con la barriga llena de culpabilidad. Abría los ojos y absorbía la luz del sol y pronto tuve la impresión de que era en verdad un agujero cercano al horizonte, un portal momentáneo a otro lugar; como la tumba en Newgrange, donde los muertos esperan a que su tumba se alineé con el sol el día del solsticio para que su alma pueda salir del túmulo de piedras y sentir el abrazo cósmico de la luz.

puesta de sol 6/12/09

Mediodía en la Lonja

cercamon | 29 Novembre, 2009 21:31

Es agradable pasear por la Lonja un sábado al mediodía. Me siento alegre. Me gusta mirar las ventanas de los restaurantes. Mi aperitivo consiste en ver parejas de turistas enamorados comiendo temprano. Un hombre de mediana edad pone vino en la copa de su mujer y ésta se la lleva a los labios, le sonríe; un turista pulcro y aseado me pregunta por la catedral. Bienestar burgués y vino en un restaurante a mediodía. Me distraigo caminando y decido alargar el camino hasta mi casa. Tomo algunas calles que no suelo frecuentar. El sol brilla con fuerza, se pierde entre las fachadas de las casas, penetra en las ventanas abiertas. Involuntariamente doy una segunda vuelta a la manzana, presa de un ritual iniciático e incomprensible. Vuelvo a ver a los turistas, la mujer vuelve a beber vino, está un poco más roja. Más adelante encuentro de nuevo al extranjero que busca la catedral, me mira extrañado y vuelve a mirar el plano; le sonrío claro.

Recorro el Carrer del Mar de sur a norte; el sol queda a mi espalda a 150 millones de kilómetros, es mediodía y la luz posee la calle, me siento dichoso ante el contacto de mi piel con la luz. Un invidente camina en mi dirección y el sol es tan intenso que hasta él debe taparse los ojos: Carrer del Mar, Sant Joan, Montenegro, Es Born, todas esas calles orientadas al sur se encuentran presas de las llamas de un sol invernal.

Tuerzo la esquina de la calle y tomo Apuntadors, una calle orientada de este a oeste; fresca, humeda, sombreada. Los olores procedentes de diferentes fritangas de los restaurantes golpean mi nariz, sin embargo entre ellas distingo un aroma angelical a repostería, lo sigo y el resto de olores se van diluyendo, ya sólo queda esa fragancia confitada de un pastel recién hecho. Siento que estoy bajo la sombra de una higuera, en el ying y el yang del urbanismo.

c mar

carrer del mar

sant joan

Apreciaciones sobre Calle Aragón

cercamon | 10 Novembre, 2009 21:38

De mi estantería recojo algunos cds antiguos y olvidados, les quito el polvo y me los llevo al coche. La noche me sorprende casi siempre de camino a casa y escucho estos discos con una nostalgia casi supersticiosa; esta tarde sonaba la voz de Andy M. Stewart y me entretuve contando los años que hace que se cantó esta canción de Silly Wizard “Wi’ my dog and gun”, cantada también por Benito Lerxundi en versión vasca, y me quedé helado al pensar que tenía sólo 5 años cuando se grabó este disco. Mientras lo pensaba me adentré en la maraña de luces de la vía de cintura, donde los coches muy lentos van por el centro y los rápidos por la derecha y la izquierda. Me puse a recordar, me dejé llevar por la ternura de la letra primero, una historia de amor a primera vista entre un granjero que sale a cazar y una joven y bella muchacha “slender maid”, y después por la melodía repetitiva y envolvente, y de pronto descubrí que ya estaba en calle Aragón… así , en este estado sensibloide y nostálgico, poseído por mi lado más melancólico.

arago

Esta calle me deprime profundamente, la escasa iluminación de las farolas, sus aceritas estrechas en las que cada vez que miro veo a alguien mayor con dificultades para caminar andando en ellas, la bochornosa arquitectura de sus edificios, un cúmulo de cosas que unidos a esta canción de Silly Wizard acentuó mi estado de reflexiva melancolía. Empecé a fijarme en los rostros pálidos de la gente dentro de los autobuses, iluminados por esa tenue luz blanquecina de nuestra EMT, y pensé que o salía de aquí rápido o acabaría cortándome las venas sobre el asfalto gris de la calle Aragón.

bus

Aceleré hasta divisar la torre mirador de estilo oriental del Triquet, respiré un poco más tranquilo mientras me incorporaba al tráfico de avenidas. Me dejé llevar con cierto optimismo: veo los operarios montando las luces de navidad, el aroma del mar entra en el coche frío y limpio, y suena “The ferryland sealer”.

silly wizard

silly wizard

Temprano por la mañana

cercamon | 20 Octubre, 2009 20:03

Las calles se despiertan temprano, hablan entre ellas antes de que los primeros peatones pisen sus adoquines.

Se hace el vacío y en las calles sólo huele a pan recién hecho. Encuentro un resto de cerveza desparramada y pegajosa en el asfalto, al lado la botella educadamente colocada en la estrecha repisa de la ventana de unos bajos, ¡hay que darle las gracias a este tío!.

Los extranjeros son los primeros en pisar la calle; rumbo a sus trabajos, ojerosos y con rostros graves.

El semáforo se pone en verde y en rojo alternativamente para nadie.

Parece que ha caído un chaparrón pero son los robots de limpieza de las seis y media. Es ese cyborg pilotado por un hombre de azul, tras el cual camina otro azulado rugiendo aire en el suelo con una máquina que sale de su brazo.

En la cafetería los camareros hablan mientras sirven ensaimadas y tostadas restregadas con tomate a los parroquianos de cada mañana. El mismo periódico con lamparones de café; de todos los diarios el “Última Hora” parece tener la virtud de estar más sucio que el resto desde primera hora. Será por el papel o por la tinta.

Una chica fuma apoyando ambos codos en la mesa mientras lee el periódico. Sorbe el café con leche, y sorbe el humo intermitentemente, devora letras, acoge efusivamente los primeros inputs del día, ausente a lo que ocurre alrededor.

Afuera caen las hojas de los árboles, pasa una mujer otoñal frente a la ventana, labios apretados, cuello cerrado. Saboreo mi café antes de apresurarme a salir del bar.

Unas nubes amenazan a la ciudad, engullendo el día como una prolongación de la noche.
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