Palma extraña

Dungeons comerciales en Palma

cercamon | 17 Abril, 2010 07:51

Frecuentemente lo sobrenatural se camufla en la oscuridad. El terror y lo fantástico juega con la ausencia de luz, una oscuridad que sirve de oxígeno a las llamas de la imaginación. Esto se pone de relieve en la literatura de terror salvo contadas excepciones como la del genial galés Arthur Manchen, en cuyos relatos los hechos terroríficos se producen a plena luz del día.

Es posible que sea debido a este hecho que en una ciudad luminosa como Palma adentrarse en alguna de sus galerías comerciales resulta más inquietante que en cualquier otra ciudad del norte. La luz de la calle produce que situarse en el umbral de la entrada de uno de estos centros distingamos solamente una cueva poblada por penumbras. Letreros destartalados animan al visitante a entrar en el lugar.

avenidas

Una vez entras en la galería piensas que te has equivocado, que aquí no hay nada para ti. Pero pronto percibes lo extravagante del lugar, y aunque no compres nada la curiosidad te mueve a entrar y caminar por sus pasadizos. Las tiendas raras se mezclan con las tiendas para turistas, y podemos encontrar objetos y artículos que no hay en el exterior: zapateros remendones, peluquerías para cabellos africanos, sórdidos locales de tattoo donde no les vendría mal un fotógrafo para anunciar el reclamo de los piercings, locales vacíos dejados al abandono donde el letrero de “se vende” está cubierto de polvo, engullido en la desidia. Caminando por las galerías de la plaza mayor advierto que sirve además como centro de reunión para adolescentes. Reunidos bajo una curiosa escultura greco-romana, como si fueran acólitos de algún antiguo culto charlan y disfrutan, uno de los adolescentes emite una tenebrosa carcajada. Viene a mi mente el recuerdo de los Morlocks (los no poseedores), que encuentra en “La máquina del tiempo” de H.G.Wells el viajero del futuro en el año 802.001, habitantes de las profundidades de la tierra que surgen de la noche al exterior para raptar a los palmesanos de la superficie. ¿Será este el destino para los que reneguemos de la luz?

deidad

deidad de los inframundos palmesanos

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zapatero

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comercios atípicos

Sábado en el rompeolas

cercamon | 28 Març, 2010 18:27

El sábado es bondadoso, y los palmesanos salimos a pasear en tropel aprovechando los rayos de sol de un día incontestablemente primaveral, el primero después de tantos fines de semana nublados. Me uno a los paseantes, como una marcha de semana santa, paseo por la mañana, y vuelvo a pasear en el atardecer; bordeo el paseo marítimo y camino junto al rompeolas. Me fijo en los pescadores que pueblan estas masas rocosas colocadas por el hombre, apostados con sus cañas como la imagen de un cuadro, amando la soledad de la espera. Ajenos al jolgorio de patinadores y ciclistas, un padre y su hijo colocan el cebo en su anzuelo; estaban por la mañana y siguen allí al atardecer; parecen felices y me detengo un momento a observarlos. El sol empieza su descenso en la bahía de Palma , y todo parece más tranquilo , todo parece en su sitio. La posición del sol convierte las olas en destellos, las cañas al ser tiradas brillan como espadas con la ciudad de fondo con sus ruidos y luces. A unos metros unos enamorados retozan cariñosamente, sus cabellos se enredan en las rocas como algas revueltas tras un temporal, hay sal en sus labios. Siento el calor que emana de la roca en la que estoy sentado; tiro una piedra al mar, un mar de un azul intenso. Oigo las risas del padre y su hijo al sacar un pez del mar. En la bocana del puerto veo una barquichuela volviendo a su amarre, el ruido del motor chapoteando en el agua me llena de paz y de una seguridad inexplicable. En el oeste el sol se hunde en las montañas, el castillo de Bellver se recorta en la distancia, y una maravillosa sensación de pertenecer al mundo se apodera de mi.

Valhalla vuelve a Asgard

cercamon | 20 Març, 2010 09:58

El pequeño comercio es imprescindible para mantener viva la ciudad. La morfología de las calles quedaría huérfana sin ellos. Son establecimientos abiertos por una persona que deposita un sinfín de ilusiones en su puesta en marcha. En ocasiones, el local se adhiere a la piel ciudad, llegando a formar parte del alma de la calle; cuanto más tiempo permanece más honda es su marca entre las personas que lo conocimos y más son los recuerdos acumula.

Estos recuerdos se originan por el nacimiento de relaciones duraderas, de momentos especiales, de miradas cruzadas con otro transeúnte, o rutinas de paseo que culminaron insertando una huella en la mente.

Recientemente desapareció en el centro de Palma la cervecería de nombre Valhalla. No era un cliente habitual, pero me gustaba pensar que existía ese rincón. Pertenecía a mi atlas mental de la ciudad; coordenadas míticas en mi visión fantástica para no perderme en este cúmulo de edificios de hormigón y marés levantados con cierto orden en la bahía. Me encantaba escuchar las conversaciones roleras de los parroquianos, quedarme mirando los cuadros de Conan el bárbaro, o compartir una cerveza de graduación importante con un amigo. Valhalla ha desaparecido, aunque prefiero pensar que ha vuelto al lugar de donde vino; a la imaginería vikinga, al espectral mundo de Asgard, a la fortaleza de 40 puertas donde descansan los guerreros muertos en combate, bebiendo hidromiel y comiendo jabalí, aguardando la batalla del Ragnarok en el fin de los tiempos.

valhalla

Moon

cercamon | 11 Març, 2010 20:52

Nieva en Palma pero los copos no cuajan, llegan a la orilla del mar y desaparecen, se esfuman entre las alcantarillas mojadas y brillantes. Tocan la luna del cristal del coche y deshacen su forma perfecta, cristalina y simétrica y desaparecen. Se mezclan con la suciedad del asfalto y toman su color.

En el equipo de música del coche suena la banda sonora de la película Moon, de Clint Mansell “Welcome to lunar industries”. Película de Duncan Jones. Moon transmite perfectamente el sentimiento de soledad. Nos hace llegar ese frío tan especial del espacio. El ser humano ante el cosmos, momento para sentirse una diminuta mota de polvo cósmico, humildes ante los eones del universo.

Los hombres son replicados como copos de nieve, simétricos y perfectos a un 99,99%. Copos que caen a millares empujados por la fuerza de la gravedad y del viento; y que como los hombres, tal vez crean que la suya es una vida propia, que caen por su voluntad, porque la suya es una vida única e irrepetible trazada por su destino individual.

Acaba la música, y el ritmo del parabrisas acentúa el silencio, un silencio blanco y eterno. Se hace el vacío, la ausencia de ser, el maravilloso abrazo de la nada. Como tablas hindúes que repican taratiratá-tá-tá en tu cabeza.

Desayuno con danza alta

cercamon | 06 Març, 2010 10:20

Los desayunos del sábado por la mañana son instantes de abundante riqueza sensorial. Estoy alerta y disfruto con cada pequeño detalle.

Tras vivir toda la semana entre oscuridad y tinieblas (me voy de noche y vuelvo de noche), descubro que en mi casa también entra la luz. Me fijo en como entran haces de luz por la ventana, y como resbalan sobre las láminas de parquet. Hago el desayuno, y ,me llega tranquilamente el aroma del pan tostado, el café y el sonido burbujeante de la olla al hacer un huevo pasado por agua. Preparo las tostadas untándolas hasta el último borde con mantequilla a temperatura ambiente y lo corto en tiras alargadas para poderlo mojar en la yema del huevo. Abro el portátil y en el spotify suena la “danza alta” del misterioso sevillano Francisco de la Torre. La música me traslada al renacimiento europeo, a la corte de Aragón y lonjas de mercaderes, trovadores y ministriles. Golpeo la cáscara del huevo, lo abro, pongo una pizca de sal en la punta, y con el cuchillo empiezo el religioso ritual de abrir la clara, con el goce de un sacerdote de un culto precristiano corto la clara hervida y me lo llevo a la boca, dejando surgir el sublime manjar de la yema líquida mojada con pan con mantequilla.

huevo

Mientras, en el piso de arriba oigo pasos, me extraño porque es temprano para mi vecino, pero recuerdo que hoy votan al futuro presidente del PP en Baleares, imagino que mi vecino militante votará.

Y el instante se marcha hasta dentro de 7 días.

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