Palma extraña

Palma rolera

cercamon | 27 Setembre, 2010 20:15

El pasado domingo se celebró en el patio de la misericordia Jocs a Ciutat. Era una tarde limpia y agradable, perfecta para un evento tan friki. Diferentes grupos de personas se reunían alrededor de una mesa: unos jugando a cartas, otros a juegos de estrategia, y los más refinados alrededor de telas y pieles para elaborar algún atuendo medieval. Negro cuervo, era el color elegido por más de la mitad de los presentes para asistir a la concentración, la media de edad se situaba en los 25, el grupo más longevo rondaban los treinta y largos. En este último, vi rostros familiares. Era curioso ver a alguno de ellos haciendo proselitismo con su hijo o un sobrino. Todo tenía algo de momento al almíbar: las mismas colas de caballo recogiendo el pelo pero con menos cabello que agarrar, las mismas camisetas de grupos de metal prometiendo historias de dragones y armaduras que nunca se encontraban en su música. Lo mismo que hace cinco o quince años cambiando algunas pinceladas.

Entristecía ver que casi nadie en la jornada jugaba a rol. Las nuevas generaciones no tienen por este tipo de juegos la pasión que demostraron las anteriores. La palabra rol trae un aroma de reuniones entrañables con amigos en torno a la mesa, eventos en los que el master dirige una historia ambientada en otro lugar y otro tiempo. Te vas introduciendo pausadamente, y sientes como tu pensamiento deja de transcurrir por los caminos habituales que le marca la rutina del día a día; coge atajos y salta precipicios hasta meterse en la piel de un personaje que poco tiene que ver contigo; el protagonista del Wendigo del fabuloso Blackwood, un ser de la tierra media, un alquimista medieval, cada uno con su theatrum mundi. Sentados hasta bien entrada la noche alrededor de una mesa, entre bols de patatilla y cocacola, cacahuetes y las guarrerías que se le ocurran a uno traer. Al final, después de la despedida y ya de madrugada, la vuelta a casa por las aceras vacías de la ciudad. Esas noches tranquilas de verano, en las que si te fijabas podías descubrir a algún grupo jugando también a rol y riendo tras una ventana; o haciendo una pausa para echar un cigarrillo. Todos con la misma expresión de íntima diversión, casi secreta.

Tumbet en Port d'Estellencs

cercamon | 10 Agost, 2010 20:52

En el Port d’Estellencs las olas golpean la pequeña playa. Me sumo a la algarabía de turistas que juegan con las olas, me dejo llevar por su fuerza dando volteretas mientras un turista a mi lado enseña el trasero al bajarle la ola el bañador para risa de los niños.

Después de mediodía el sol golpea sin piedad, el mar centellea. Cuerpos brillantes descansamos en la playa adorando al dios sol como los antiguos. Una hormiga trepa sobre el torso de una turista y paga cara su osadía aplastada por un dedo. Abro el taper de comida y observo con placer uno de los manjares del verano: el tumbet. Lo huelo y huelo la infancia. Ha estado a la sombra de una barca y su temperatura no es ni muy caliente ni muy fría, 18 grados tal vez, como se suelen tomar los vinos. Es un pastel perfecto, como la tierra posee multitud de capas: patata, calabacín, berenjena, salsa de tomate hecha con laurel, láminas de huevo cocido pero sin hacerlo del todo, y luego trozos de lomo de cerdo animado con cortes de presa y secreto ibérico que lo hacen más jugoso , (sólo con lomo sería un poco seco). Saboreo la comida junto a una cerveza fría mientras me concentro en el sonido de las piedras de la playa retrocediendo a las profundidades por la resaca de una gran ola; me quedo sin respiración y con la laringe atascada sincronizándome involuntariamente con los movimientos de la inmensidad del mar, aquí, discretamente, como un simple bañante de una remota playa del oeste de una isla.

Comiendo pa amb oli con Lady Gaga

cercamon | 15 Juliol, 2010 18:41

Verano igual "pa amb oli", "pa amb oli" con alcaparras, tomates sucosos, aceite dorado como oro oscuro, sal abundante sobre el tomate, que le escueza. Miro el pan moreno, la rebanada cortada con un centímetro de grosor, casi perfecta si no fuera por la asimetría de las cuchillas del Forn de la Pau. Me fascina la corteza, esa segunda piel, esa entrada al interior del planeta, sufrida y rugosa, marrón tierra. Imagino en su interior a los Fraggle rock y la montaña basura, todas esas entrañables imperfecciones... Corto el queso mahonés mientras un poco de su corteza unta mi dedo y se me incrusta en la uña. Hace calor y me quito la camiseta. Abro Spotify para poner algo de música, a mi izquierda siguen las últimas búsquedas: Alan Stivell y la gloriosa Renaissance de la Harpe Celtic, Ludovico Einaudi, Jordi Savall y demás exquisiteces; pero estamos a 30º dentro de casa y mientras el "pa amb oli" deja escapar los efluvios del aceite de aceituna arbequina, algo me empuja a hacer algo imprevisible. Abro una carpeta escondida en lo más hondo del directorio y pongo algo muchísimo más frívolo y mundanal; suena el harpa de sintetizador de Lady Gaga que abre la canción Telephone. Como el pa amb oli mordiendo con ansia la carne trémula y bermeja del tomate, mientras imagino a Lady Gaga caminando por la cárcel , reptando entre los barrotes semidesnuda mirando a la cámara, sus compañeras de coreografía con ropa interior de Rigby la miran envidiosas y bajan sus gafas de sol. Gaga sale de la cárcel impoluta con un nuevo modelito, da unos pasos de baile homenajeando a Michael Jackson, todo un detalle, y sus ojos escondidos tras unas gafas de sol de marca me recuerdan a la entrada de M. A. Munar en los juzgados, perfecta y glamurosa, transportada en una especie de nube proveniente de un mundo faéricamente lejano.

Los músicos de Bremen

cercamon | 04 Juliol, 2010 08:46

El pasado miércoles visité una casa de campo cerca de la carretera de Soller. La casa, una antigua posesión, se encuentra cerrada. Allí sólo vive un hombre que guarda el lugar, y que duerme en una modesta construcción junto a la vivienda principal. Este lobo solitario dedica el día a diferentes tareas: cuidar el terreno, recoger las almendras, sembrar el huerto y alimentar a los animales.

Hablando con él se me hizo curioso que viviera tan cerca de Palma y que en cambio apenas la frecuentara. Este hombre bien podría ser una especie de San Antonio, patrón de los animales. Al entrar en el recinto que hay junto a las casas, aparecieron no menos de diez perros, entre ellos algunos de escasa edad, de formas tan diversas que costaba mirarlos; un cachorro de mil leches, aparente cabecilla de la banda, nos miraba con una expresión casi humana; una cría de galgo y algo no identificado husmeaba mis zapatos con el aspecto de un caballo de miniatura; y de pronto también aparecieron tres o cuatro gatos; los animales rodeaban nuestras piernas , nos olfateaban y jugueteaban entre ellos, se mordían la cara y el rabo.

Lo extraña de esta situación; el contraste del perro jugando con el gato de una forma tan natural me produjo una sensación extraña y agradable. Un instante de armonía y optimismo más allá de toda creencia y diferencia. Una señal para creer en la humanidad.

Ciudad femenina

cercamon | 27 Juny, 2010 02:24

Juega España contra Chile y me sorprende encontrar las calles menos vacías de lo que esperaba. La ciudad es diferente, por decirlo de alguna forma, más femenina. Me cruzo con un grupo de ancianas, que perfectamente arregladas hablan de una conocida que está en el hospital. Un grupo de veinteañeras en chanclas pasan por Santa Eulalia. Me fijo en los pocos hombres que veo por la calle, la mayoría con un aire bohemio y despreocupado del mundo del fútbol, un ciclista con aspecto de profesor de sociales pasa veloz. De pronto desembarca de un coche un grupo de tunos como si fueran gánster que toman la ciudad, conscientes de que no hay otro momento como éste para una razzia de doncellas, no pierden el tiempo y acorralan al grupo de jovencillas playeras con sus melosas canciones, sin yo hacer nada para evitar tan tremendo asalto.

Involuntariamente sigo el partido cada vez que paso por un bar o una casa con las ventanas abiertas, es uno de esos eventos inevitables imposible de eludir aunque lo quieras. Me paseo por el Call de la ciudad, estoy relajado, y me embarga esa sensación de estar viendo amanecer cuando todo el mundo duerme. Llego de nuevo a Santa Eulalia, y miro el reloj solar del edificio en la esquina con Carrer Argenteria: la muerte con una joven doncella, un reloj , y unos ángeles que sostienen una inscripción que reza “cada hora fer, la darrera mata”. Un mensaje tan contundente, que me obliga a pensar en otro reloj solar en el que está inscrito el carpe diem de Horacio.

Más sobre el reloj: http://fabian.balearweb.net/archives/200605/page/2
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