Palma extraña

Antiguas brujerías

cercamon | 06 Juliol, 2016 21:34

Cada vez que me cruzaba con él experimentaba la misma sensación, sin poder determinar su origen. En un principio lo achaqué a lo arrogante y superficial de su pose; allí estaba él junto a un caballo negro, vestido con pajarita, como si lo acabara de adquirir en una subasta. El joven alemán posaba vanidoso, sin ocultar sus intenciones. Sin embargo, había algo más en ese cartel que se me escapaba, algo oscuro y sutil, que nada tenía que ver con esa fachada pretenciosa.

Ahora que por la noche hace calor, algunos “sin techo” han encontrado un lecho en los bancos de la calle, eso hacía que el contraste creciera en intensidad. El caballo purasangre con los mendigos junto al cartel, con sus sillas de ruedas haciendo de mesita de noche, su ropa plegada, el olor a cuerpo, a barba que crece; y el rostro rasurado del joven a lo Dorian Grey, presa de la inmortalidad de la publicidad. Busqué al joven por internet, no es difícil encontrarlo, incluso barajé pedirle ser mi amigo en facebook para intentar acercarme a su enigma, pero deseché la idea, no quería asustar a nadie.

No fue hasta el otro día, al ver al antiguo presidente caminando con aires de cortesano por el Born, enfundado en un traje de colores vivos y repartiendo saludos entre unas jóvenes palmesanas, cuando descubrí la verdad del joven del cartel: el secreto está en la boca, los labios, y esa sonrisa, esa boca inquietante similar a la de un gato, sensual y a la vez reptiliana. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y recordé el gran cuento de Algernon Blackwood “Antiguas brujerías” en la que un viajero se apea por error en un pequeño pueblo de Francia en el que sus habitantes son en verdad gatos.

 
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