Palma extraña

Tumbet en Port d'Estellencs

cercamon | 10 Agost, 2010 20:52

En el Port d’Estellencs las olas golpean la pequeña playa. Me sumo a la algarabía de turistas que juegan con las olas, me dejo llevar por su fuerza dando volteretas mientras un turista a mi lado enseña el trasero al bajarle la ola el bañador para risa de los niños.

Después de mediodía el sol golpea sin piedad, el mar centellea. Cuerpos brillantes descansamos en la playa adorando al dios sol como los antiguos. Una hormiga trepa sobre el torso de una turista y paga cara su osadía aplastada por un dedo. Abro el taper de comida y observo con placer uno de los manjares del verano: el tumbet. Lo huelo y huelo la infancia. Ha estado a la sombra de una barca y su temperatura no es ni muy caliente ni muy fría, 18 grados tal vez, como se suelen tomar los vinos. Es un pastel perfecto, como la tierra posee multitud de capas: patata, calabacín, berenjena, salsa de tomate hecha con laurel, láminas de huevo cocido pero sin hacerlo del todo, y luego trozos de lomo de cerdo animado con cortes de presa y secreto ibérico que lo hacen más jugoso , (sólo con lomo sería un poco seco). Saboreo la comida junto a una cerveza fría mientras me concentro en el sonido de las piedras de la playa retrocediendo a las profundidades por la resaca de una gran ola; me quedo sin respiración y con la laringe atascada sincronizándome involuntariamente con los movimientos de la inmensidad del mar, aquí, discretamente, como un simple bañante de una remota playa del oeste de una isla.

 
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