Palma extraña

Comiendo pa amb oli con Lady Gaga

cercamon | 15 Juliol, 2010 18:41

Verano igual "pa amb oli", "pa amb oli" con alcaparras, tomates sucosos, aceite dorado como oro oscuro, sal abundante sobre el tomate, que le escueza. Miro el pan moreno, la rebanada cortada con un centímetro de grosor, casi perfecta si no fuera por la asimetría de las cuchillas del Forn de la Pau. Me fascina la corteza, esa segunda piel, esa entrada al interior del planeta, sufrida y rugosa, marrón tierra. Imagino en su interior a los Fraggle rock y la montaña basura, todas esas entrañables imperfecciones... Corto el queso mahonés mientras un poco de su corteza unta mi dedo y se me incrusta en la uña. Hace calor y me quito la camiseta. Abro Spotify para poner algo de música, a mi izquierda siguen las últimas búsquedas: Alan Stivell y la gloriosa Renaissance de la Harpe Celtic, Ludovico Einaudi, Jordi Savall y demás exquisiteces; pero estamos a 30º dentro de casa y mientras el "pa amb oli" deja escapar los efluvios del aceite de aceituna arbequina, algo me empuja a hacer algo imprevisible. Abro una carpeta escondida en lo más hondo del directorio y pongo algo muchísimo más frívolo y mundanal; suena el harpa de sintetizador de Lady Gaga que abre la canción Telephone. Como el pa amb oli mordiendo con ansia la carne trémula y bermeja del tomate, mientras imagino a Lady Gaga caminando por la cárcel , reptando entre los barrotes semidesnuda mirando a la cámara, sus compañeras de coreografía con ropa interior de Rigby la miran envidiosas y bajan sus gafas de sol. Gaga sale de la cárcel impoluta con un nuevo modelito, da unos pasos de baile homenajeando a Michael Jackson, todo un detalle, y sus ojos escondidos tras unas gafas de sol de marca me recuerdan a la entrada de M. A. Munar en los juzgados, perfecta y glamurosa, transportada en una especie de nube proveniente de un mundo faéricamente lejano.

Los músicos de Bremen

cercamon | 04 Juliol, 2010 08:46

El pasado miércoles visité una casa de campo cerca de la carretera de Soller. La casa, una antigua posesión, se encuentra cerrada. Allí sólo vive un hombre que guarda el lugar, y que duerme en una modesta construcción junto a la vivienda principal. Este lobo solitario dedica el día a diferentes tareas: cuidar el terreno, recoger las almendras, sembrar el huerto y alimentar a los animales.

Hablando con él se me hizo curioso que viviera tan cerca de Palma y que en cambio apenas la frecuentara. Este hombre bien podría ser una especie de San Antonio, patrón de los animales. Al entrar en el recinto que hay junto a las casas, aparecieron no menos de diez perros, entre ellos algunos de escasa edad, de formas tan diversas que costaba mirarlos; un cachorro de mil leches, aparente cabecilla de la banda, nos miraba con una expresión casi humana; una cría de galgo y algo no identificado husmeaba mis zapatos con el aspecto de un caballo de miniatura; y de pronto también aparecieron tres o cuatro gatos; los animales rodeaban nuestras piernas , nos olfateaban y jugueteaban entre ellos, se mordían la cara y el rabo.

Lo extraña de esta situación; el contraste del perro jugando con el gato de una forma tan natural me produjo una sensación extraña y agradable. Un instante de armonía y optimismo más allá de toda creencia y diferencia. Una señal para creer en la humanidad.
 
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