Palma extraña

de como dejar una botella en la calle...

cercamon | 13 Juny, 2010 17:04

Llega la época en la que los palmesanos renunciamos definitivamente a la ciudad los domingos. Nos lanzamos enloquecidos por la autopista de Llucmajor rumbo a alguna playa lo más lejana posible. Salimos casi todos a la misma hora y en el mismo momento, presa de una señal escondida en el subconsciente colectivo, hacia el colapso.

Salgo de casa preparado con mis chanclas y mi toalla al hombro y me sorprendo de cómo aparecen las botellas colocadas tras la fiebre del sábado noche. Se pueden distinguir estilos de lo más diverso, botellas de todos los tamaños, aunque mayoritariamente de cerveza. Básicamente hay dos formas de dejar una botella en la calle; la primera, estrellándola en el asfalto; la segunda dejándola colocada con delicadeza en alguna repisa, o junto a un portal. No hay punto medio, casi nunca se ven botellas tumbadas en este barrio. Al llegar a la playa disfruto con un polo almendrado mientras me dedico a curiosear turistas. Frente a mi hay una familia de aspecto suizo; jóvenes rollizas de mejillas encarnadas y cabellos rubios entrenzados juegan a las palas con furor, como si les fuera la vida en ello, se bañan y al salir del agua una de ellas se dirige a la que podría ser su madre que está tumbada boca abajo y la riega sin piedad de agua estrujando sus ubres mientras escurre su bikini.

Esta escena es perturbadora y me doy cuenta de que un trozo de nata del polo se ha caído manchando mis bañadores nuevos. Me levanto, y me decido por fin a entrar en el mar redentor; que dulce es el verano.

más difícil todavía

un clásico del domingo por la mañana

 
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