Palma extraña

40º en Jaume III

cercamon | 22 Agost, 2009 08:30

A parte de una conocida calle comercial, Jaime III es uno de los pocos lugares de encuentro la ciudad. La gente se acerca a estar, a pasear. Ejercemos movimientos y maniobras que no tienen que ver con el fin último de comprar algo, sino el de estar allí y cruzarse con otras personas. Los domingos pocos son los que pasean por la ciudad y los residentes escapan a segundas residencias o a excursiones por la montaña. La calle está poblada por ciudadanos locales en familia de costumbres tradicionales, inmigrantes que vagabundean perplejos por lo que le pasa a esta ciudad los domingos y turistas más perplejos todavía por esta ausencia de vida local.

Hace pocos días pasé en coche. El termómetro marcaba casi 40º. Me detuve en el que sin duda es el único paso de cebra respetado de Palma. Tras ese paso de cebra y conduciendo en dirección a la plaza de las tortugas me deslizo cuesta abajo, esquivando taxis que sobresalen sus morros retando a que te detengas. Situadas en la acera derecha me distraigo viendo reinas orgullosas esperando a un taxi, flamantes con sus bolsas llenas de compras, sus melenas al aire, sugerentes prendas, tacones, labios rojos cerrados. Me fijo en un anciano que baja por dentro de los porches a casi la misma velocidad que yo a bordo de su silla de ruedas eléctrica, sonríe picarón en este día caluroso día, el viento del sur se escurre como una brisa infernal entre las calles de la ciudad. Baja con su gorra de béisbol, sus auriculares blancos, entre piernas largas y bronceadas, rasuradas y brillantes al sol de la tarde. Acelera su vehículo, azotan su rostro mil fragancias de reinas vikingas, valkirias de la antigüedad de piernas eternas acabadas en un ajustado short de tela vaquera. Comprendo esa sonrisa pícara, esos ojos seguramente ávidos tras las gafas ahumadas como un aviador que surca un cielo repleto de estrellas. general

 
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